Hoy viernes 29 de abril/2001 salía de una reunión de trabajo, cuando el reloj marcaba las 17:00. El tráfico fluía aparentemente como de lo habitual, es decir, torpe pero fluía. Hoy fue una de esos días especiales por la capital ecuatoriana, esto porque hoy no cayó la habitual lluvia que enfría aun más la a la muy noble ciudad de Quito.
Entre pretender tomar un bus u otro, terminé llegando a la parada del trolebús, del que a decir verdad.. es un mal necesario en esta enorme ciudad ecuatoriana, puesto que el número de unidades no es lo suficiente como para los días que corren hoy.
Terminé llegando al sector sur de la ciudad quiteña, sector conocido como la Villaflora.
El trancón vehicular que encontré ese día era abrumador. Las novedades para aquello, al decir de un agente de tránsito, habría sido un derrumbe en una suerte de perimetral que bordea la ciudad.
Por demás impresionante había sido para mi, ver esa marejada de vehículos -nuevos en su mayoría- que copaban toda la calzada incluso algunos de ellos circulando sobre la línea del transporte rápido.
La ciudad de Quito, amigos, necesita mas espacio, más obras, más respeto incluso; pero nadie podrá contra la geografía caprichosa, circunstancia que, lamentablemente ha sido una pidera en el zapato de todos los flamantes Alcaldes.
No es tiempo de separar, es tiempo unir para contra-atacar a la inexperiencia, la improvisación de algunas autoridades. A la muy noble Ciudad de Quito, se la debe cuidar cual un bebé de cinco días.
Un relato de Vicente Maldonado.
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